seguíamos un compás digno de un vals
que aveces era como sonata.
Un tempo que solo provocaba placer;
al paso del tiempo aceleramos las octavas
hasta producir un melódico allegro
que comenzaba a producir dolor.
Dolor arraigado al sabor de la noche
que llegaba a al extremo del rechazo
a golpes de percusión sobre el pecho.
La repulsión a algo que atrae,
placer culposo de terminar dentro
del cuerpo ajeno, al extraño placer
de verme llorar, mientras tu disfrutabas
del concierto de mis lagrimas.
1 Notas, comentarios, criticas y/u obscenidades:
del concierto de mis lagrimas> me gusta mucho esta última línea.
saludos
ninio,
me encanta mucho lo que dicen tus letras, sentimiento tan elocuente.
Publicar un comentario